Tampico y La Victoria

Llegué a Tampico hace diez años y en ese entonces me pareció una ciudad fea y sucia. Lamento si hiero alguna susceptibilidad, pero no puedo más que contar la verdad, en 1996 nada me unía a este puerto que supuse gris y hosco: sus calles, sus plazas, sus pequeños puentes, todo me resultaba ajeno, digno de desconfianza. No creí entonces en sus árboles, en sus cafés, en las orillas de sus lagunas, en sus tardes ciertas, no tuve fe en sus nortes, no supe cómo deletrearla porque nunca intenté entender sus silencios. Esta ciudad no tiene nada para mí, nada ha de darme, pensé, mas que la cortés distancia que suele brindárseles a los huéspedes temporales.

Pero qué rotundamente y con cuánta precisión me equivoqué, sólo lo puedo saber ahora, al paso de los años, a través de los nombres de la gente con la que he compartido este puerto sin esquinas: con Juana Campbell en La Cafebrería; con Leobardo en el Centro Gastronómico; con Irma García y Humberto Valdivieso en Vip’s, Super Cream y la cafetería de Liverpool; con Eduardo en el café Galeón del Hotel Inglaterra y en El Flamingo; con Claudia Arriaga y el padre René Soler en El Portón; con Claudia Gochicoa en Dixies; con Arenas en la sala de maestros y en los pasillos del IEST; con Liliana Blum en Samborn’s; y con Iván Castro, Angélica Gallegos, Santos Reyes, Argelia Padilla, Martha de la Cruz y Diana Zamora en La Victoria Café Gourmet.

Sé que son nombres que a nadie importan, en todo caso sólo a mí, pero he querido dar este rodeo de personas y lugares para llegar exactamente al sitio desde donde hoy miro esta ciudad: el lugar en que fue tomada la fotografía que acompaña esta columna y en el que ahora me encuentro: una mesa de La Victoria Café Gourmet. Imagino que su ubicación es clara para la mayoría de la gente porque es sencillo llegar aquí, se encuentra enfrente del Ayuntamiento, en una esquina de la Plaza de Armas de Tampico.

Desde aquí, como se observa en la imagen, uno puede ver las puertas de la Catedral; desde aquí uno puede enamorarse de las rugosas cortezas de los árboles, de las rojizas hojas del almendro, de las ardillas que pasean valerosas entre las mesas y los que tomamos café, de la gente que se sienta en las bancas a descansar o a platicar, de los que acuden a los boleros a lustrar sus zapatos, de los niños que salen de las escuelas cercanas, de los pájaros y sus gorjeos cotidianos, de los que cruzan la calle, de los que simplemente pasan sin darse cuenta que son observados; desde aquí uno puede enamorarse de las tardes de este puerto, de Tampico.

Quizá parezca exagerado, pero en lo que a mí concierne es cierto. Me he enamorado de esta ciudad por varias razones y una de las más hechizantes es por sus cafés. En cada uno de ellos tuve la compañía de mis amigos, la de los libros, la extraña compañía de las demás personas que toman café en otras mesas y no te conocen, pero de alguna forma están ahí, tomando café contigo. Es curioso, pero sólo en La Victoria, a pesar de mis amigos, de los libros, y de las demás personas que toman café, he encontrado la soledad necesaria para poder escribir, para poder estar ahí sin estar, para construir otra ciudad, la mía.

No es La Victoria un café solitario, por el contrario, a veces está lleno de estudiantes que toman cafés helados y smoothies de sabores, de parejas de enamorados, de familias con niños y abuelitos, de señores jubilados que se reúnen a tomar café, de turistas que observan las fotografías del Tampico de antes que de algunas de sus paredes penden, de muchachos que ponen canciones rancheras en la rockola, de señoras que platican mientras remojan un pedazo de rosca en su lechero. No, La Victoria es un café más bien familiar, porque uno se acostumbra a llegar y saludar a los hermanos Saldaña, a pedirle un latté y un cenicero a Alma, a pagar la cuenta y despedirse de todos los que ahí trabajan; uno se acostumbra a los niños que entran a vender chicles o a pedir una moneda, a los vendedores de rosas, monos de peluche o pulseras, a las mismas caras de los asiduos que uno ya reconoce, al señor que entra diciendo que ya no fuma y siempre me pide un cigarro.

Me he acostumbrado tanto a este café, que a veces las tardes ya no son tardes si no estoy aquí. Cuando he viajado a otras ciudades, todos los cafés me parecen desgarbados, iguales, ninguno consigue hacerme sentir como en La Victoria, como en Tampico. Cuando he permanecido demasiado tiempo lejos, lo único que deseo es regresar y sentarme en una de sus mesas a mirar la tarde, a mirar Tampico desde sus ventanas.

En diciembre del año pasado, un día llegué a La Victoria a eso de las nueve de la mañana, la cafetería estaba vacía, afuera llovía y hacía frío, yo tomaba un latté, mientras escribía y fumaba un cigarro, recuerdo que pensé que esa era mi idea de paraíso. A diez años de vivir aquí, Tampico me parece una ciudad de una belleza nostálgica, una ciudad ungida por las aguas. A diez años de vivir aquí, Tampico me parece simplemente mi ciudad: ella me pertenece y yo le pertenezco.
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(En el artículo publicado en el diario La Razón
el crédito de la fotografía pertenece a Argelia Padilla
lamentablemente no he podido subirla aquí
y he insertado otra alusiva a al tema de la columna).
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Comentarios

iris dijo…
te pasa, lo que me pasaba, estaba enamorada de tampico, de su gente, de sus tardes...saludos y quisiera saber donde puedo conseguir saloma 2...
Liliana V. Blum dijo…
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Liliana V. Blum dijo…
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Liliana V. Blum dijo…
Mi querida Suribe:

Creo que a mí me pasó lo mismo. Al principio me chocaba toda la fealdad de la ciudad. Que la tiene, que existe, pero que a medida que uno se encariña, comienza a pasar por alto. Hasta empieza uno a ver bonitos los mangos, con su aroma de descomposición, todo.
Sanborns con cupón de Mexicana, es una maravilla. Pero siempre podemos probar otros cafés.
Saludos!
sarauribe_26 dijo…
Hola Iris:

pues saloma está de venta en La Victoria precisamente, pero yo tengo un ejemplar para tí, si quieres te lo puedo dejar en un sobre con los señores de la victoria y tú les dices que vas de parte mía que te lo entreguen, si estás de acuerdo contestame para saber y dejar el sobre y luego yo te aviso a partir de qué día ya puedes ir vale?
sarauribe_26 dijo…
Liliblum:

estarás ahora en Houston, muy lejos de Tampico, pero sí, si que podemos probar otros cafés, el degas al que fuimos también me gustó sólo que ese día estaba medio acelerada y el café no me sentó muy bien, pero sí me gustaría ir otro día ahí y es cierto la fealdad la tiene, pero uno la pasa por alto con los ojos de la nostalgia y fíjate que el aroma a descomposición de los mangos me trae muchos recuerdos de mi infancia cuando visitaba cd. valles, en fin.
iris dijo…
porque mejor vamos a la cueva y nos tomamos unas chelas, nos ponemos al corriente de nuestras vidas... uno de estos en la botana seria bueno no?... o si quieres lo del sobre tampoco me opongo pero me parece frio e impersonal jajaja me dices tu entonces...
Katty dijo…
Hola Sarita, es increible como una lectura te hace sentir nostalgia, e incluso hasta parece que uno estuviera ahi, no lo vas a creer nunca he ido a ese café, creo me lo he perdido.

Mis favoritas hasta hoy, "Tampico y la victoria", "pasajeros sin destino"
sarauribe_26 dijo…
Hola Katty:

gracias por entrar a mi paginita, pero sobre todo, gracias por tomarte el tiempo para leerme y para hacerme tus comentarios que valoro mucho porque los sé sinceros y espontáneos

en lo que respecta a que no has ido a La Victoria, eso se puede solucionar, un día nos ponemos de acuerdo, invitamos incluso a tus papás y vamos todos a tomar un café

te mando un saludo
y estamos en contacto
sarauribe_26 dijo…
Hola Iris:

pues ganas de ir a la cueva sí tengo, lo que deveras no tengo es tiempo, ando ocupadísima sobre todo esta semana que acaba de salir la revista y tengo que hacer la distribución en los puestos de revistas de tampico madero y altamira

si me esperas una semana más si la libro, puede ser un sábado, pero si ya tienes una enorme ansia de leer saloma, entonces hacemos el frío e impersonal canje (ja)

vale?
iris dijo…
apenas comienza la semana, asi que dime tu... q dias puedes cuales no... mientras no sea en fines de semana soy materia dispuesta... o comer o cenar... no se... pretendo ir a la presentacion del libro... ojala me de tiempo...
fidelius dijo…
hola...mmm me parece interesante saber ke te parecia feo tampico...
sabes yo soy chilango de nacimiento y cuando llegue aqui me parecio el paraiso y me kede enamorado de las playas, de las lagunas(que en ese tiempo no estaban tan contaminadas)y ahora soy jaibo por conviccion......
Daniel Topacio dijo…
hola como esta maestra sara uribe...pues para mi siempre va a ser así la matrona literaria...bueno pues le quiero agradecer todo lo que me enseño en esos tiempos del taller literario que tuvimos y todo estuvo muy bonito ya que lo recuerdo mucho aunque yo en ese tiempo era un niño, y pensaba como niño y juzgaba como niño..tengo muchas cosas que decirle y preguntas mustiosas,e irrisorias q tengo para usted ...ya que pues eh estado buscando un lugar o mas bien una editorial en donde publiquen mis poesías...pues no son muy buenas pero ahí la llevo jaja bueno pues con toda la confianza y los mas sinceros tratos que hemos tenido ...le agradeciera una respuesta o que me mostrara alguna editorial que pueda ayudar a jóvenes escritor de mi edad...de antemano muchas gracias...pd:en donde se ubica el café gourmet la victoria!!!???
Daniel Topacio dijo…
Daniel Mondragòn
Daniel Topacio dijo…
mi correo es element_world07@hotmail.com
Daniel Topacio dijo…
este comentario fue del 5 de marzo del 2007 ...
claudia dijo…
Querida Sara, mi estancia en Tampico se acaba, y no hemos coincidido nuevamente, en ningún café... supongo ambas por razones de trabajo.
Te mando un saludo nostálgico, porque ya casi me vuelvo a ir de Tampico, aún estoy aquí, pero ya lo empecé a extrañar.

Claudia Arriaga
Anónimo dijo…
Me llamo Pablo -de verdad, Paul- con nombre Franssen. Soy belga, vivo en los afueros de la capital, Bruselas.
Estaré en Tampico el 24 de julio y unos días siguientes, en un barco en en puerto de Altamira.
Tras el milagro de la red, aprendi que hara música tradicional mexicana el 24 en "La Victoria". Tras este blog, ya sé donde se ubica y ...¡estaré presente! Veré de mis proprios ojos...y no estaré, por alli, a solas, charlaré con la gente, praticaré mi castellano. Hasta jueves próximo, hermanos Saldaña, Alma, l@s otr@s.
PabloElFlamenco

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