Esto no es un rompecabezas.



Llevo días y días escuchando a Dave Brubeck. Descubro en mí la necesidad de un ritmo o una cadencia que vaya atando las palabras y los días. Un pequeño, un finísimo hilo conductor que de sentido al tráfago, a todas las piezas sueltas. Porque en efecto: hay piezas sueltas. 

Decir: "en efecto: hay piezas sueltas" y saber que estas palabras son piezas que están sueltas. Tal vez leer el libro de Allan Kaprow me da todo otro contexto, todo otro escenario para esa clase de pensamientos (como el que acabo de describir) que suelen rondarme con frecuencia. 

No es como si alguien hubiese movido los muebles de su sitio. Es decir, uso esta imagen: uno se despierta o llega a su domicilio y se da cuenta que hay un pequeño movimiento. Un intersticio. Algo ha sido movido o cambiado: algo ya es otro o ya no está como antes. Un imperceptible. Pero no es eso en definitiva de lo que hablo: nada está roto, no hay fricción. 

Se trata si acaso de una flexión. Un rodeo. Algo está dando vueltas: hay piezas sueltas. ¿Qué significa que haya piezas sueltas?

Significa en todo caso que algo no está armado. Que algo está por armarse. Que algo puede ser armado, formado, ordenado. Algo está fraguándose. 

Las piezas sueltas: yo misma. 

Yo soy mis propias piezas sueltas. 

Soy yo quien se rearma. Quien se distancia de sí misma para observar todas sus piezas y notar que hay algunas sueltas.

En dos semanas debo poner todo en cajas. Cajas y cajas. Ordenar un archivo. En todo caso el archivo de mi vida. Mis libros, mi ropa, mis enseres, mi menaje. ¿Somos ese conjunto de objetos que nos circunda? Como una suerte de halo vital, existencial. Somos sartenes y vasos y sábanas. Somos escritorios y lavabos y sandalias. Somos cucharas y lámparas y percheros.

Todo lo nuestro cabe en cajas.

Todo lo que somos, incluso nosotros mismos (lo sabemos, terriblemente lo sabemos), puede ser dispuesto en bolsas negras o en maletas.

Pequeñas cajas para transportar todas las piezas de nuestra existencia.

Me imagino de pronto (mientras escucho Bluette de Brubeck) la enorme carretera pintada de negro de la que habla Kaprow en su happening Lluvia, me imagino también los árboles rojos y los barcos de papel. 

Me imagino también todas mis pertenencias flotando en torno a mí. En pequeñas burbujas. ¿Cuánto es lo que poseemos? Mesas, sillas, un dormitorio, una estufa.

Estoy pensando en objetos y en pertenencias. Descubro que últimamente.
Estoy pensando en cuerpos y tiempo. En cuerpos a través del tiempo. En lo que el tiempo a los cuerpos.
Estoy pensando en cómo pasa el tiempo por los cuerpos.
Estoy pensándote también como un cuerpo.
Estoy pensando en el tiempo y en mi cuerpo.
En el lenguaje.

Me descubro pensando en cómo el tiempo y el lenguaje: los cuerpos.

Una maleta a punto de ser llenada. Una caja de cartón. Una bolsa de plástico.

Estoy pensando en escenarios y en cómo estos se mueven a través del tiempo. Estoy pensando en una cadena de palabras y en registros.

En registros puntuales de nuestras palabras y nuestros silencios.
Estoy pensando en bitácoras y cartografías.
En partituras pienso.
En las piezas sueltas y en el lenguaje.

En cómo ordenar. Cómo armar.

Estoy dejando que la partitura sea Brubeck.
Estoy dejando que todo se salga del lienzo.
Estoy dejando, en efecto, sí, algunas piezas sueltas.



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