Años más, años menos


Arturo Castillo Alva
De Años más, años menos



*

la fotografía
de esa generación
abandonada
sobre la mesa
muestra a una muchacha
no muy bonita
la menor
de una familia numerosa
que desde una infancia
sin padre
miró a sus hermanas
mayores
decirles adiós
a la primera mitad del siglo
tarareando un mambo
los domingos por la mañana
cuando
volvían al revés
la casa
para ponerla limpia
para vestir un poco
la pobreza
con la pátina del verano
la anilina amarilla
sobre la madera del piso
mientras se quejaban
de la semana larga
de los jefes injustos
del tedio por venir
y en el río inmóvil
del verano
los barcos se desplazaban
apenas
con un humo ligero
apuntando al cielo
entonces
la muchacha pensó
con ternura
que haría una vida distinta
que tendría una profesión
dinero
ese año
en que nadie pensaba
que habría un ciclón
pero
después del ciclón
sus hermanas
se fueron casando
y ella concluyó
a duras penas la secundaria
pospuso otros planes
para incierto futuro
y tuvo que ponerse
a trabajar
y tuvo que lidiar
con un hermano borracho
con una madre cansada
que descendía a la ancianidad
y tuvo que aguantar
el duro invierno
en que comenzó a levantarse
a las cinco treinta
cuando todavía
era cerrada la noche
y el viento
se mezclaba
con el ruido bajo de la radio
mientras ella
se vestía de prisa
y bajo el agua helada
crujían
los cascos de los barcos
atados al muelle
luego
esos días arrojaron
la mitad de los sesentas
y ella
abriendo apenas
sus dieciocho años
no tuvo tiempo
ni dinero
para probarse
la exótica moda de la época
porque además
en su trabajo
no se lo permitían
así
en esa temporada
se enamoró de veras
se aficionó además
al equipo local de futbol
y antes de llegar a los veinte
más por indolencia
que por convicción
hubo de trabar
un débil combate
con los prejuicios de su tiempo
se acostó
con dos o tres muchachos
se hizo amiga
de una desharrapada
militante comunista
e ingresó
en un partido de izquierda
cuando ser de izquierda
aún no era una moda
ahí
conoció
a arturo castillo
un obrero neurótico
semialcoholizado
que escribía poemas
y se acostó con él
en diciembre de 1967
iniciando una relación
que habría de durar tres años
terminó su breve incursión
en la política
por decirlo de algún modo
recibió de él
los largos días
y los amargos sueños
dos poemas no muy buenos
y varias rabiosas bofetadas
tuvo dos abortos
uno de 900 con una comadrona
y otro de 3000
con un doctor
que la dejó mal
sangrando
durante más de un mes
sin que pudiera
faltar a su trabajo
adelgazó mucho
y se le veía pálida
en la luz
de aquel profundo otoño
cuando en los muelles
los barcos languidecían
como islas en el confín
de un naufragio
al finalizar
la relación
lloró un poco
se sintió cansada
harta de trabajar
pensó en largarse
lejos
meterse a la prostitución
pero no hizo nada
de todo eso
en cambio
se buscó un amante
casado y diez años mayor
y su madre le dijo
que era una puta
-eres una puta- le dijo
ella guardó silencio
y continuó sosteniéndola
con su salario exiguo
hasta que años después
murió
entonces decidió
vivir de fijo con su amante
en un barrio que no conocía
porque la ciudad
había empezado a crecer
desaforada
(30 familiar arribaron al puerto
diariamente, dijeron los diarios)
y pensó que ahora
podría engordar
tener un hijo
olvidar
todo
lo que hubiera que olvidar
pero nunca tuvo hijos
engordó mucho en cambio
aceptó el desdén de sus hermanas
tuvo otros golpes
otras largas noches
y la vigilia amarga
de los barcos
que sobreviven
sin tripulación
a la tormenta
con un balanceo de rechinidos
años más tarde
sus sobrinas
comenzaron a casarse
ella asistió
a una de las bodas
sola
con un vestido
que le sentaba mal
a su gordura
al verla llegar
a la recepción
una de sus hermanas
se le acercó indecisa
para invitarla
a la mesa familiar
y quiso saber cómo le iba
-¿y a ti cómo te va?- le dijo
y ella sonrió
encogió un poco los hombros
para responder
que como a todo el mundo
-pues como a todo el mundo- dijo
mientras afuera
soplaba un viento
casi primaveral
arrastrando barcos
de oro
a pesar
de que aún
no terminaba
el invierno/

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