Un buen detective no se casa jamás



1. Digamos que un día descubres una mirada que antes no había estado ahí. Hablo de años. Años de la misma mirada. Un día esa mirada es otra. La tuya también.

2. Digamos que después de muchos años por casualidad vuelves a una casa donde dormiste  sólo una noche. A la casa o al cuarto de hotel donde a la mañana siguiente te vestiste sólo para marcharte sin que te vieran. 

3. Digamos que todas las maletas del mundo están hechas frente a tu puerta y nadie quiere llevárselas. 

4. Digamos que todas las canciones. Que la misma canción. Que aquella con la que doblaste las manos y te rendiste. Aquella que acompañaba cada uno de tus insomnios.

5. Digamos que todos los libros de tu adolescencia están en una pira justo para ser incinerados. Digamos que la gran quema sí fue real, que toda esa ceniza fue necesaria para alimentarte. Para sobrevivir los fuegos fatuos.

6. Digamos que tampoco sabías quién eras. Que cada despertar era ignorarlo todo. Que la amnesia y el corazón de piedra. Todo una armadura barata. Una cota de mallas para la falaz batalla.

7. Digamos que esa ciudad y la otra y la otra. Que todas cuentan tus historias. Que sería fácil seguirte la pista si tuvieras que ir tras de ti misma.

8. Digamos que te enamoraste del detective y de la detective. Digamos que saboteaste todos tus casos.

9. Digamos que en esta historia también hubo una mosca parada en la pared.

10. Digamos que todo ese ruido. Que todas esas narrativas superpuestas. Todos esos soundtracks. 

11. Digamos que una noche quisiste cantar esta canción pero la voz no te salía. Que lo intentaste una y otra vez hasta que de tu garganta salieron las palabras. Digamos que ese fue el precio de tu primer olvido.

12. Digamos que todos ustedes siguen aquí, de alguna forma u otra, que perviven en la ausencia. Que no ser es su única forma de estar.

13. Digamos que una mujer acude a una ciudad cada cierto tiempo en busca de respuestas, de pistas. Digamos que se investiga a si misma y se rehúsa a dar carpetazo.

14. Digamos que la misma mujer recibe cartas cada cierto tiempo.

15. Digamos que piensa que alguien más las escribe. Que las lee con inocencia, con llanto, con extrañeza.

16. Digamos que la mujer ignora que es ella misma quien escribe esas cartas. 

17. Digamos que cada carta es un rompecabezas.

18. Digamos que todas estas pistas son falsas.



Comentarios

Ángel Zapata dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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