Billetes falsos



Hablábamos de albercas, de cómo la gente que tenía albercas en sus casas siempre parecía feliz, de sus sonrisas amplias, de sus bronceadas pieles, de las risas y la algarabía que se escapaba de sus jardines  llenos de bullicio. Mentíamos, desde luego, nadie en la cuadra tenía una alberca. Lo imaginábamos ¿sabes? Imaginábamos una calle llena de casas con jardines y albercas y sombrillas multicolores. En la banqueta nos sentábamos a imaginar los mosaicos del fondo de esas albercas invisibles. A imaginar nuestros cuerpos entrando en sus aguas. A imaginar que también nosotros éramos visibles.


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