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Soñé el fin del mundo. Muchos gatos. Mucho alimento para gatos por el suelo. Mi casa a oscuras y yo buscando un gato mío y al mismo tiempo ajeno. El fin del mundo era la penumbra. El maullido invisible. La breve luz de una lámpara sobre el piso. El fin del mundo ocurría en silencio y en soledad. Bien. Así deberían de ser todos los fines del mundo. Discretos. Sin grandes aspavientos o hecatombes. Fines del mundo para todos. A todas medidas, gustos y necesidades. Yo pedí uno para llevar. Pedí uno con gatos y en penumbra. Pedí un fin del mundo anónimo, casero, desapercibido. Como quien desenchufa un electrodoméstico. Así.

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