Mariana, te quiero.



Quiero que me cojan todo el día y toda la noche. Lo dijo, eso fue lo que dijo. De regreso del baño, mirándonos a Anselmo y a mí acostados aquí en la cama y que la mirábamos también. Huelo a ella: todo huele a ella. Desnuda en el marco de la puerta. Alzó los brazos y era como si quisiera borrarse por completo. Pero su cuerpo no la dejaba. No sé qué puedo recordar. Corrió en seguida a la cama, como si no soportara estar lejos. ¿De qué no soportaba estar lejos? cuando caímos en la cama por primera vez me tenía agarrado el sexo. Su mano en mi sexo. Ya le había visto las manos, desde que llegó. Era fascinante cómo las movía. Allía estaba la necesidad de darse. Pero, ¿por qué? Ella sólo nos oía. con la pierna cruzada se le veían los muslos. No se pueden cruzar así las piernas. Ya sabía lo que iba a pasar. Pero ni siquiera me conocía. Por eso: era mejor. No saber lo que iban a hacer con ella. En la cama, Anselmo empezó a besarle los pechos. Pero cuando yo me le subí y entré dijo: "No, míralo, me está cogiendo. No lo dejes." Movía la cabeza de un lado a otro como si le estuviera haciendo daño y mientras, abajo, sus caderas y sus nalgas se movían conmigo. Le estaba encantando mientras decía no. Sus manos en mi espalda y su respiración. Anselmo me quitó. "Déjala." Y yo obedecí. Salirse de su sexo. Pero fue ella la que se quedó en un vacío. No sé qué siguió luego. Los dos acariciándola. Y después Anselmo se la estaba cogiendo y yo los miraba y no sabía que hacer. Fue ella la que se lo pidió a Anselmo. Y él aceptó. "Méteselo por detrás" me dijo, y se puso a coger de lado. Cuando entré ella se quejó. Dio un grito. Pero cómo se movía. Sentía hasta el pito de Anselmo del otro lado. Y la venida. Un puro lamento. Fue ella la que se levantó para ir al baño. La vi como si no la conociera. Era sólo su cuerpo. Vi su espalda y sus nalgas. Anselmo y yo solos en la cama. Mariana, te quiero.


Crónica de la intervención, Juan García Ponce.

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