Hoy llueve

Los días han sido así: fluctuar entre las pesadillas y los días buenos en que el sueño se olvida o resulta inofensivo. Fluctuar, eso han sido los días. Como si sobre el agua, en su superficie. Ser algo que se balancea. Ser algo que se aleja sin darse cuenta. Decir volví a fumar. Decir que la idea del fracaso me ronda desde hace días, que me la encuentro en sitios inapropiados. Que me hace guiños. Café por las mañanas. Lo de ir al gym se me está haciendo adictivo. Me gusta caminar sobre esa banda fija. Un paso. Otro. Así, mecánicamente. No pensar. Ser sólo ese par de piernas que se mueven por inercia. Sentir que se está en ninguna parte. Que se avanza pero no. Esa podría ser una buena metáfora. Así es de pronto como siento que estoy, en una caminadora. Avanzo, avanzo, avanzo, pero no. ¿Pero si? Después de una hora ver el contador de la distancia recorrida: 4 km. ¿Puede eso ser cierto? ¿Cómo? ¿Cómo puedo haber caminado 4 km ahí, en un extremo de la sala de un gimnasio? ¿Hacia dónde fui en esa caminata inexistente? Ya sé que todo esto es una puñeta mental. No me gustan las caminadoras con televisión. Me distrae. Prefiero los modelos antiguos. Sólo los números rojos, los botones más simples. La mirada fija en un punto ciego. Así lo prefiero. No me gusta el spinning ni el aerobics. Nada que implique una coordinación grupal. Así soy de huraña. Prefiero la caminadora. Así, en mi burbuja de neodimio. Omitir el mundo exterior. Ser sólo esa que camina, ahí. Ser ese sudor que cae anónimo.

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