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regresamos tarde de aquella fiesta
las luces de los autos iluminaban tu silencio
no sé por qué pero mientras caminábamos
por aquella avenida
tuve la impresión de que alguien nos seguía

al llegar a casa me di cuenta que había extraviado las llaves
cómo pudo ser posible, me pregunté siempre
si en mi bolsillo tu mano, la cerradura

fuiste tu quien se percató que la puerta estaba abierta
no nos miramos antes de cruzar el umbral
luego mis dedos sobre el interruptor
la estancia vacía, los muebles que no
en una sola noche el hurto de años
la habitación sin espejos, el desalojo

no quise mirar sobre mi hombro, no tenía caso
estaba a punto de amanecer
mi ropa todavía olía a cigarro, a bullicio
pero la fiesta había terminado
y las serpentinas de tu nombre
yacían, pisoteadas, por el suelo

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