¿Quién me ha robado el mes de abril?

El mes de abril se me escapó de entre las manos, no supe ni cómo, no me di cuenta, simplemente un día desperté y era primero de mayo: ya no había nada que hacer.

La semana inicial se marchó con el deseo adolescente de que llegara por fin el día siete; con una sola idea, con una sola palabra en la mente de muchos jóvenes: playazo. El viernes arribó y la playa se tradujo en un lenguaje de música, cerveza, bikinis y bronceadores; turistas y locales, unos al lado de otros entre riñas, botellazos, ebriedad, insolaciones, semiahogados y cascaritas de fútbol; lejos, muy lejos de las clases y el trabajo, muy lejos de la rutina, sumergiéndose en el mar de un olvido momentáneo.

Pero a pesar de que siempre deseamos que los días de vacaciones duren más, o que al menos nos den la impresión de ser más largos, normalmente terminamos los periodos de descanso con la sensación de que el tiempo no nos alcanzó para nada. El último día antes de regresar al trabajo o a clases: los niños apurados finalizan sus tareas, las mamás los regañan mientras acaban de lavar y planchar los uniformes, mientras arreglan los útiles escolares y se dan cuenta cómo han crecido sus hijos; los vacacionistas abarrotan la central camionera y las carreteras, apresurados, sin saber si llegarán a tiempo para ir al trabajo al día siguiente, para volver a la cotidiana tiranía de los horarios.

Así concluyen las vacaciones, los parientes regresan a sus ciudades de origen y todo pareciera retomar el ritmo habitual; las clases se reanudan, pero la última semana avanza desbocada, esta vez a causa del deseo infantil de que llegue el treinta. Los padres de familia, los profesores, los festejos escolares, los globos, las serpentinas, los payasos, el confeti, los pasteles, los juguetes, los paseos, los centros comerciales, la mercadotecnia: el día del niño.

Y así, sin notarlo, abril se transforma en ceniza y mayo nos envuelve entre desfiles y días de asueto; no tomamos conciencia de que los días transcurren porque otras ocupaciones se apoderan de nuestro tiempo: se aproxima el día de las de las madres, el día del maestro; las tiendas cambian ligeramente su oferta de obsequios infantiles por otros más propicios para las mamás y los profesores: arreglos florales, tarjetas melosas, chocolates, perfumes… y ahí estamos comprando regalos, asistiendo de nuevo a los festivales escolares, otra vez los globos, las serpentinas, los pasteles, el confeti.

Y así, sin aspavientos se nos va abril y luego mayo, y luego todos los demás meses; así despertamos un día con la sensación de que alguien nos ha robado algo, la cosa es que no sabemos qué.
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Fotografía: piñatas a las que no iré
Crédito: LDG. Argelia Padilla
l8(la foto se las debo, de plano no la pude subir,
y lástima porque le iba muy bien a la columna,
seguiré intentando, pero lo dudo, estoy nula).
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